Los sabores, aquel conjunto de cualidades organolépticas (gustativas, olfativas, de color, forma y de consistencia) no constituyen la única categoría explicativa del mundo de lo culinario, incluso aquellos sabores que pueden tener una preferencia innata, como lo dulce, en aversión a lo amargo, sin insuficientes. La respuesta menos obvia, es aquella que considera que el pensamiento, las representaciones y la variabilidad cultural, son factores que regulan nuestras elecciones gastronómicas.Los alimentos están relacionados con sistemas clasificatorios, que los dividen según categorías, las cuales derivan de criterios como el gusto, la forma, la textura, o los criterios culinarios. También están ligados a las reglas que rige el consumo de los alimentos: la composición de las comidas, su horario, su denominación, el orden interno y la naturaleza los platos (Fiscler: 2002).
Los condicionantes(procesos) biológicos, son las características particulares del ser humano de poseer una gran variedad de alimentos en su dieta, producto de su estructura anatomofisiológica: una dentadura que le permite cortar (caninos puntiagudos e incisivos) y triturar (molares y premolares); un sistema digestivo capaz de metabolizar diversas proteínas (de distintos orígenes), debido a la segregación de la pepsina; así como transformar los almidones complejos en fuentes de energía (o de reserva energética) y disolver las grasas (acción hepática) Ningún otro mamífero, con la excepción de las ratas que viven en el medio humano, dispone de una aptitud tan grande para adaptarse a tan variables condiciones y, en consecuencia, no puede desarrollar un abanico de comportamientos alimentarios tan diversos.
El principio de incorporación, movimiento por medio del cual hacemos traspasar al alimento la frontera entre el mundo y nuestro cuerpo, funda la identidad: llegamos a ser lo que comemos. Con ello podemos afirmar, junto con Fiscler, de que los alimentos están marcados por sellos culturales, que permiten combinar en ellos experiencias temporales, espaciales, lúdicas, sonoras e incluso, lingüísticas. Así por ejemplo, suele asociarse al exceso consumo de carne un tipo determinado de humor, justificando estados emocionales alterados como consecuencia del consumo de la carne de res. O por el contrario, se considera el consumo de vegetales como un purificador del organismo, bueno para la salud y el alma. El azúcar, por ejemplo, y todas las palabras que asociamos a lo dulce, está directamente relacionado con el placer.
PD: La frase alemana (cita de Fischler) Man ist, was man ist (somos lo que comemos) permite entender que el alimento no tiene solo una razón biológica, sino también simbólica. La foto del " La cena de Emaús". 1648. De Rembrandt, es uno de esas oscuras imágenes que me rayan más allá de la retina.










