Mostrando entradas con la etiqueta lados de la ciudad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta lados de la ciudad. Mostrar todas las entradas

martes, 16 de febrero de 2010

Saber no puede ser lujo

El ridículo hombre con bigotes convocó a una marcha, evento al cual no pude no ir y extrañe. Estuve a punto de llamar a mi abuela para pelear, fue criada en un barrio tradicional y es difícil hacerla pensar que "el alcalde" esta vez es un asco, en nuestras discusiones solía amenazarla con irme del país sin camino de retorno, en el caso de que ella votara por tal o cual; estrategia que saque de la manga en las ultimas elecciones antes de que tuviera pensamientos con Alvarito, ambos motivos están perdidos.

El asunto esta vez era que no podía despotricar, porque los presidentes, alcaldes y demás son denominadores comunes de los países por sus andanzas y en la comparaciòn se pierde el sabor. A mì el dìa este de la dichosa marcha, poco me interesaba si Alemán se chupó Nicaragua completa o si Uribe es una puta que debe morir en Estados Unidos, o si Macri es un trucho. Y si me mencionaban a Fraga, Rajoy o Zapatero podía entrar en real cólera.
No señores, no se trataba de gobiernos, no se trataba de la gente que gobierna, no era una búsqueda de nada, esta conversaciòn se trataba de Nebot, de Guayaquil y lo que hace con ella.

Cuando me estaba convenciendo de que despotricar era algo que debìa olvidar, encontré el sosiego sabiendo que el dichoso asunto fue un fracaso en este artìculo, que me enviaron.

El ginecólogo les pregunto mis padres porque no se iban a tener la niña a Quito, cosa que me hubiera encantado, algunas veces fantaseo en cómo seria ser serrana de nacimiento, o sea más de lo que en efecto soy, seguro una quiteña a muerte.
Lamentablemente, la pigri era una pelada de costa y primeriza, como tal debía parir cerca de la familia, le hicieron la cesárea en un quiròfano de una clínica al sur de la urbe que queda casì pegada al Rìo Guayas, seguramente el anestesista era de Babahoyo, el cirujano ayudante de Guaranda y la enfermera que me dio mi primer baño es altamente probable que haya nacido en el Cristo del Consuelo y no recuerde otra ciudad que esa, la misma que yo recuerdo cada día.

Calle "Santiago de Guayaquil" en Santiago de Compostela

Hay cosas para las que se es joven, hay otras para las que no.

Hemos sido demasiado pacientes, tan pacientes que hasta hemos aceptado las cosas que el bigotudo hace como pequeños milagros, como caritas felices de párvulos, olvidándo que crecimos y que no es suficiente con buenas notas, sino que ese, nuestro lugar, sea mejor.

Cuando el smog anda por allà, acà tengo la disnea.

Es por mi corazòn enfermo de poluciòn, como dice la Orquesta Mondragòn:


La ciudad donde vivo
ha crecido de espaldas al cielo,
la ciudad donde vivo
es el mapa de la soledad,
al que llega le da un caramelo
con el veneno de la ansiedad,
la ciudad donde vivo
es mi carcel y mi libertad.
La ciudad donde vivo
es un ogro con dientes de oro,
un amante de lujo
que siempre quise seducir,
la ciudad junta a dios y al diablo,
al funcionario y al travestí,
la ciudad donde vivo
es un niño limpiando un fusil.

Corazón, corazón, corazón, corazón de cemento
Corazón, corazón, corazón, corazón de hormigón
Corazón, corazón, corazón, corazón de polución
Corazón, corazón, corazón, corazón de neón.

La ciudad donde vivo
es un monstruo de siete cabezas,
es un pájaro herido
envuelto en papel celofán,
un inmenso barril de cerveza
que de repente va a estallar,
la ciudad donde vivo
es el templo del bien y del mal.

Corazón, corazón, corazón, corazón de cemento..



Barcelona, Moscú, Casablanca,Bruselas, Madrid,Roma, Tokio, Los Angeles, Nápoles,Londres, Berlín,Nueva York, Estocolmo, Donostia, México,Río, Tanger, París,Nueva Delhi, Caracas, El Cairo,Varsovia, Madrid.

Lisboa, La Habana, Amsterdam, Coruña, Vigo y Compostela, San Cristòbal, Quito y Tumbaco..

Guayaquil, mil veces Guayaquil.



lunes, 6 de julio de 2009

Tabula Rasa

Un informe del tiempo, con el estilo corregido, distinto de los pronósticos esta vez, para dar cuenta de desastres y deslaves del cuerpo, llevando la lluvia como un traje y el calor como un sombrero.
Un envío de correo, esta vez como una carta blanca, entregada por una mano informal, señalando un tiempo especial , que no tardará meses en llegar, sino segundos, para mantenerme despierta en esta hora absurda.

Puedo dar la impresión de alucinar porque ya tengo en mis efemérides un mapamundi, planos de aquello que me salvan de la idea de naufragar y la extrañeza de saberse mirados por algo parecido a los ojos de dios.

Luego de la pretensión y de haber estado dispuesta para el más astuto de los autómatas que en su arliturgio esconde tras la pupila la profundidad del faro. Me dejo llevar.Yo soy quien arrastra las aguas en que me sumerjo, yo estiro la tierra y la trago. El deseo, si estaba separado, ahora en las casualidades del tiempo se topa los codos con lo que soy y cuenta los dedos en las rodillas.

En realidad, lo que más consolaba no eran los actos, sino el espacio de aquellos, como la vida era sòlo un momento, una ráfaga de verdad antes de que la mente atravesara como un lente u ojo de pez y las cosas tuvieran un aroma distinto a su original , que los colores fueran los correspondientes al deseo y no ellos, y las sonrisas… y las sospechas.
El único momento verdadero quizás sea mientras se duerme, porque entonces la vida corre a sus anchas -fuera de nosotros- se abandona a si misma; se burla de nuestros cuerpos quietos, mòrbidos, tragando nuestra respiración. La vida entonces es un animal violento que salta por nuestras ventanas, escapando de la mirada del hombre, vomitando todas las palabras puestas en su vientre, bebiendo verdadera sangre y verdadera exudación.

La vida era un compromiso que se me habìa olvidado, y lejos creciò.