El vuelo de Aeromal fue de revelaciones, Hidalgo, entre ellas.
Conocí el gran edificio café de la Atarazana hace unos años, las enseñanzas sobre el cáncer terminaron en un imposible examen, que románticamente nunca compré. Mis compañeros pagaron 300 dólares al fotocopiador, que en complicidad con la médico residente, futura oncóloga, vendían a los aplicados estudiantes una copia de ciencia. Sería suficiente historia para aborrecer tal institución, sin embargo, con el tiempo, los resentimientos crecen, en algunas circunstancias llegan a volverse indignación, rabia y llegado el momento y el apuro; uno termina por alejarse, cortar por lo sano y en el camino dejar muchos enfermos, o muertos.
Siempre quise, nunca tener que volver al Hospital “Juan Tanca Marengo”, ni a sus sucursales. Ahora cuando paso por ahí, aunque cierre los ojos, no puedo evitar el escalofrío. La medicina me jugó una mala pasada y esta dolencia es, para decir poco, lo que estimula mis deseos de futuro. El cáncer es una enfermedad suficientemente jodida, como para que encima se hayan inventado este negocio, de asociarse para luchar contra ella. El pragmatismo de la ciencia, ha permitido muchas cosas graves en contra de la salud de este país, esta es una de las peores, nada queda absuelto de la mezquina caridad, la vulnerabilidad y las agonías, constituyen el lugar perfecto para hacer intocables fortunas.
Toda la prensa hoy parece saber sobre sobre salud, sobre los “programas”y la magia en estos hospitales. Esto no es tan fácil y no pretendo entrar en detalles técnicos, la paciencia que se exige es inhumana y muchas veces tal cosa, lleva a esto, a buscar una sensibilidad burda, lastimera, que hace que todos los diarios, le den voz a cosas como:
El editorial de Grace Jaramillo en el diario El Comercio titulado “ El cáncer y la pobreza” -el único articulo medio decente que encontré sobre esto-cita una buena referencia: la revista Foreing Policy, en la web hay que estar suscrito para leer los artículos, aquel que asiste estas ideas es famoso, los ejemplos, ni extraños, ni remotos; por mas situación geográfica que se narraba. Finalmente, la autora califica al cáncer como el gran empobrecedor, termina su columna diciendo que no sabe a ciencia cierta la solución.Según Hidalgo, el hecho de que sus asignaciones salgan del Presupuesto General del Estado les impedirá tener un ingreso “suficiente, oportuno y creciente".
Directivos de SOLCA tendrán que viajar a Quito para presentar informes de sus gastos. “Cuando regresemos se nos han muerto los pacientes”.
Es otro de mis defectos, esto de lo vivencial, tanto que : a ciencia cierta, a profesión cierta, a hospitales ciertos, a madrugadas inciertas, se, que los gastos de la enfermedad van mas allá de la receta cara de anticonceptivos, de infección de garganta, vías urinarias, o medicina natural que todos hemos comprado. Cual historia clínica, voy a tratar de reproducir lo indescriptible en las siguientes líneas.
Caso #1. La cuñada de un amigo se curó rápidamente del cáncer de estomago, dejo de ir al medico, porque se le acabo la plata, ella era evangélica; después de tal suceso, toda la familia se convirtió, mi amigo renuente a la vida religiosa, les sugirió un nuevo examen. Nunca tuvo cáncer, el robo fueron 6.000 dólares aproximadamente, contando los pasajes, no existía la metrovía.
Caso # 2. Don Emilio, comienza a hacerle relajo a la enfermera, estaba pidiendo otra medicina para la quimioterapia. Luego, muestra una receta, en ella una droga cuyo valor es de dos mil dólares por ampolla, inútil para su tipo de cáncer, le habían prescrito cuatro.
Caso # 3. Dolores, una de mis engreídas, ingeniera civil, sobrevivió al cáncer de mama, pero le fundieron la medula ósea. Murió después de un orzuelo, su cuerpo ya no tenía con que defenderse, su familia tampoco a quien culpar.
Todas estas estafas, tienen a parte de lugares comunes, un lugar común. Tres películas filmadas en la misma locación, pasando el túnel, cerca al cementerio. Son los capítulos no publicados de mi tesis, las partes que no van en los expedientes, pero que todas las mañanas hago el intento por no olvidar. Desde que fui estudiante, algo no me cuadraba, en un hospital donde los pacientes, son tratados con un exagerado sentido de esta palabra, por los pasillos pasean mujeres adornadas de voluntad, las paredes tienen solo espacio para la gala museográfica, de quienes han sido bondadosos.
El cáncer no es tan remoto, no es tan difícil, tiene cura y la que ahora se propone, es en mi opinión, la mejor: empezar a controlar ese dinero. A los señores de SOLCA, la sola idea les asusta, creo que piensan que porque una enfermedad mata tanto, los muertos es mejor no contarlos, o si algo ya sabemos que lo va a matar, mejor dejarnos toda su plata. Las representaciones en televisión, con los niños calvos, suficientes, para que todos los ecuatorianos les permitan seguir lucrando, con el pretexto de la beneficencia y las necesidades.
Lo que todos debemos saber y recordar bien, es que en los hospitales de SOLCA, se cobra ingresos hospitalarios que bordean los 100 dólares por paciente, costos de hospitalización diarios como en cualquier clínica privada, un profesional que mantiene a un paciente interno, puede seguir cobrando sus honorarios, 30 a 50 dólares día, o según las visitas. Las casas farmacéuticas grandes, como Roche, tienen negocios millonarios con ellos, son de los mejores clientes.
Sin hablar de memoria, en el Hospital del Seguro Social, se cura el cáncer, sin mucha propaganda, invirtiendo las mismas cantidades millonarias ;con errores graves también que han arrojado fuertes críticas, de lo cual hay evidencia, abundan estos casos. La diferencia es que ahí se rinden cuentas y la dignidad humana todavía respira un poco.
En esta triste profesión, no hay nada como “dar un alta” y las de las enfermedades oncológicas, son de las mas hermosas, ojala alguna vez, podamos dar el alta a esta repudiable gente, son el peor de los cánceres.