Luego llegué al Paraíso. Si tuviera que volver a estudiar la secundaria lo haría veinte veces. Me di cuenta de que había más niñas que no rezan y la luz llega a ti. En casa refuerzos con la pareja improvisada de progenitores y el tren al fin del mundo.
La inolvidable Marfisa Calderón de De la Cruz me dio la clase de lógica y ética en tercer año, era capaz de hacer pensar hasta las moscas.
Mis amigas las de sociales tenían en filosofía a Ma. Luisa Álvarez de Torres, recuerdo que ella le pegó con el Ecce Homo en la cabeza a la Erika, acto seguido lo recitó completo, les hacía unos exámenes individuales, por eso les entró. En cambio con nosotras las de biólogo era muy graciosa, me dio investigación en sexto y el tema de trabajo final conocimos a Don Humberto Eco en un ensayo sobre el humor. Ya teníamos bastante con aguantar tres años a Adalid Briones de Peña: evolucionismo, Oparìn, Big- bang.
Cuando entré a la católica no aguanté al padre asignado para medicina y su catequesis. Así que decidí tomar teología a parte, se lo dije a papá y me dio el dinero gustoso, ya que le tiré un verso de que por culpa de él yo era tan ignorante que pensaba que el nuevo testamento era algo así como una nueva edición.
Para algunas cosas uno es joven e ignorante, hay otras que a pesar de eso, están definidas.
Ya me apuntaron en la cabeza, un moro casi me empuja a la riel del tren y una raya águila estuvo cerca mar abierto. Han sido momentos estèriles.
Para los que me dicen que todo el mundo cree en algo y que en peligro o angustia uno invoca a Dios, a la cabeza mi Srta. Gertrudis:
Ateologìa no es un neologismo . George Bataille en 1950 expresa el deseo de revivir sus libros publicados en Gallimard en tres volúmenes “la suma ateològica”.
Difícil por lo tanto reconocerse ateo… Nos llaman así y siempre desde la perspectiva insultante de una autoridad dispuesta a condenar. La construcción de la palabra lo precisa por lo demás a-teo. Como prefijo privativo la palabra supone una negación, una falta , un agujero, una forma de oposición. No existe ningún término para calificar de modo propositivo al que no rinde pleitesía a las quimeras fuera de esta construcción lingüística que exacerba la amputación: ateo pues, pero también , in-fiel, a-gnóstico, des-creído, ir-religioso, in-crédulo, impío (el a-dios está ausente).
Del Tratado de Ateologìa de Michel Onfray
De lo que sì estoy segura es que los Guayaquileños somos inmunes a las ofensas de credo en los buses, si se ven cosas como: "el chofer es un cachudo". En toda mi tristeza por dejar el tròpico, el subirme en un bus ateo seguro me alegrarà.
Este es de la Coruña. Seguramente una de mis paradas.